13 de junio de 2011

SO LONELY

(Foto: Fernando Ruso)

Mientras estudio siempre pongo algo de música, ha empezado a sonar una canción de The Police: "So Lonely" se llama, y no he podido evitar acordarme de ti. El sábado pasado no te presentaste en la toma de posesión del nuevo alcalde y ha sido la primera vez que en mi ciudad ocurre algo parecido (ni siquiera en tiempos de dictadura pasó algo así).

No sé si faltaste porque estás deprimido, porque odias al nuevo alcalde, porque detestas a los nuevos concejales de tu partido o porque no entiendes de democracia. A mi poco me ha molestado la verdad, si acaso que como empleado mío que eres no hayas ido a trabajar ya que ese día te lo pagaremos en la nómina. En realidad, tal vez haya sido mejor que te hayas largado así, sin embargo tu ausencia me ha hecho recordar porque nunca militaré en un partido político.

Probablemente hayas sido mejor alcalde de lo que a primera impresión parece, no obstante al final, cómo casi todos, pusiste las órdenes de partido por delante de lo que los ciudadanos clamaban. Sabías, porque lo sabías, que si en vez de un Espadas recién llegado el candidato hubiese sido un Gómez de Celis o una Rosamar Prieto, el resultado distinto habría sido. Pero te plegaste a las órdenes del todopoderoso partido. Sabías, porque lo sabías, que no soltar el lastre de unos comunistas trasnochados iba a ser una sangría de votos. Pero te dió igual, eran más importantes las consignas partidistas que lo que por la calle los ciudadanos te decían.

Es evidente que Zoido se lo ha currado, pero creo que tu le dirigiste la campaña. Allá tú con tu conciencia, aunque supongo que la penitencia en el pecado va: siendo el alcalde que más tiempo gobernó la ciudad, serás el menos recordado.

Que le vaya bonito Don Alfredo.

10 de junio de 2011

A LOS INDIGNADOS


Yo también me indigno.

Al principio no me posicioné, ni os criticaba ni os alentaba. Hice algo que en este pais brilla por su ausencia: observar, analizar y esperar vuestra evolución para formarme un juicio de valor. Dos primaverales noches, Carmen y yo nos acercamos a conoceros y saber de vuestros labios, de vuestros carteles lo que queríais hacer, lo que pensabáis. Algunas mañanas al salir del trabajo intenté saber sin con la claridad mañanera vuestras ideas tambien se aclaraban . . . peo empezé a tener la sensación de que tomaban el camino contrario.

A día de hoy, quiero obviar vuestros asaltos a entidades bancarias, quiero olvidar vuestras entradas a saco en centros comerciales, intento hacer oidos sordos de algunos manifiestos pidiendo la abolición de la monogámia, o de otros en los que solicitáis una absoluta intromisión del estado en mi vida.

Pero aunque lo intento, también yo me indigno.

Hoy en día, evito recordar que solicitáis el libre acceso a cambio de sexo para menores e inmigrantes; ni siquiera me acuerdo de vuestro rancio ecologismo de andar por casa cuando declarais que "por encima y por debajo de todo, somos naturaleza". Intento olvidar el regreso que proponéis a la edad de piedra cuando criticáis a "nuestras cúpulas de aislamiento llamadas ciudades".

Pero lo siento, estoy indignado.

Intento no dar importancia a vuestra solicitud de "el derecho a una sexualidad pública que no se articule en términos de prohibiciones, secretos y tabúes, que no esté condenada al armario de la intimidad, y que se incorpore como tema de debate en todos los ámbitos de la sociedad. Demandamos la incorporación en el sistema educativo de una educación sexual integral plural". Tampoco doy importancia a vuestras posiciones contra todo lo que huela a Dios o religiosidad.

Sin embargo, estoy indignado.

Porque el Parlamento si me representa, los ayuntamientos a donde mañana iréis también me representan y porque el pueblo . . . el pueblo no sois vosotros. Ninguno de ustedes ha pedido permiso a ningún ciudadano para enarbolar la representación popular que os atribuis, sin embargo en los ayuntamientos, en el parlamento si está el pueblo, allí sí.

¿Que hay chorizos entre ellos? claro cómo en todos sitios; ¿que la ley electoral hay que cambiarla? evidentemente, algunos llevamos siglos pidiéndolo; ¿que su forma de cotización y gestión de pensiones es inmoral? obviamente que lo es. Pero aquí en este pais, murieron muchos, perdieron su vida laboral otros y muchísimos cayeron en el ostracismo profesional y laboral por conseguir un parlamento.

Un parlamento y unos ayuntamientos donde vosotros (sin mi voto ni el de nadie) vais a manifestaron libremente (gracias a mi voto y al de tantos) para pedir . . . en fin ya ni vosotros sabeis que pedir.

Y es que probablemente no conocísteis o ya se os olvidó el brillo en los ojos de tantas personas que pudieron votar por primera vez en libertad hace 35 años.

Por todo eso, yo también me indigno, yo también soy pueblo.

4 de junio de 2011

LUCIDEZ, SENSATEZ

Hora de despertar
por Antonio Muñoz Molina

He pensado desde hace muchos años, y lo he escrito de vez en cuando, que España vivía en un estado de irrealidad parcial, incluso de delirio, sobre todo en la esfera pública, pero no solo en ella. Un delirio inducido por la clase política, alimentado por los medios, consentido por la ciudadanía, que aceptaba sin mucha dificultad la irrelevancia a cambio del halago, casi siempre de tipo identitario o festivo, o una mezcla de los dos. La broma empezó en los ochenta, cuando de la noche a la mañana nos hicimos modernos y amnésicos y el gobierno nos decía que España estaba de moda en el mundo, y Tierno Galván -¡Tierno Galván!- empezó la demagogia del político campechano y majete proclamando en las fiestas de San Isidro de Madrid aquello de “¡ El que no esté colocao que se coloque, y al loro!” Tierno Galván, que miró sonriente para otro lado, siendo alcalde, cuando un concejal le trajo pruebas de los primeros indicios de la infección que no ha dejado de agravarse con los años, la corrupción municipal que volvía cómplices a empresarios y a políticos.

Por un azar de la vida me encontré en la Expo de Sevilla en 1992 la noche de su clausura: en una terraza de no sé qué pabellón, entre una multitud de políticos y prebostes de diversa índole que comían gratis jamón de pata negra mientras estallaban en el horizonte los fuegos artificiales de la clausura. Era un símbolo tan demasiado evidente que ni siquiera servía para hacer literatura. Era la época de los grandes acontecimientos y no de los pequeños logros diarios, del despliegue obsceno de lujo y no de administración austera y rigurosa, de entusiasmo obligatorio. Llevar la contraria te convertía en algo peor que un reaccionario: en un malasombra. En esos años yo escribía una columna semanal en El País de Andalucía, cuando lo dirigía mi querida Soledad Gallego, a quien tuve la alegría grande de encontrar en Buenos Aires la semana pasada. Escribía denunciando el folklorismo obligatorio, el narcisismo de la identidad, el abandono de la enseñanza pública, el disparate de un televisión pagada con el dinero de todos en la que aparecían con frecuencia adivinos y brujas, la manía de los grandes gestos, las inauguraciones, las conmemoraciones, el despilfarro en lo superfluo y la mezquindad en lo necesario. Recuerdo un artículo en el que ironizaba sobre un curso de espíritu rociero para maestros que organizó ese año la Junta de Andalucía: hubo quien escribió al periódico llamándome traidor a mi tierra; hubo una carta colectiva de no sé cuantos ofendidos por mi artículo, entre ellos, por cierto, un obispo. Recuerdo un concejal que me acusaba de “criminalizar a los jóvenes” por sugerir que tal vez el fomento del alcoholismo colectivo no debiera estar entre las prioridades de una institución pública, después de una fiesta de la Cruz en Granada que duró más de una semana y que dejó media ciudad anegada en basuras.

El orgullo vacuo del ser ha dejado en segundo plano la dificultad y la satisfacción del hacer. Es algo que viene de antiguo, concretamente de la época de la Contrarreforma, cuando lo importante en la España inquisitorial consistía en mostrar que se era algo, a machamartillo, sin mezcla, sin sombra de duda; mostrar, sobre todo, que no se era: que no se era judío, o morisco, o hereje. Que esa obcecación en la pureza de sangre convertida en identidad colectiva haya sido la base de una gran parte de los discursos políticos ha sido para mí una de las grandes sorpresas de la democracia en España. Ser andaluz, ser vasco, ser canario, ser de donde sea, ser lo que sea, de nacimiento, para siempre, sin fisuras: ser de izquierdas, ser de derechas, ser católico, ser del Madrid, ser gay, ser de la cofradía de la Macarena, ser machote, ser joven. La omipresencia del ser cortocircuita de antemano cualquier debate: me critiacan no porque soy corrupto, sino porque soy valenciano; si dices algo en contra de mí no es porque tengas argumentos, sino porque eres de izquierdas, o porque eres de derechas, o porque eres de fuera; quien denuncia el maltrato de un animal en una fiesta bárbara está ofendiendo a los extremeños, o a los de Zamora,o de donde sea; si te parece mal que el gobierno de Galicia gaste no sé cuántos miles de millones de euros en un edificio faraónico es que eres un rojo; si te escandalizas de que España gaste más de 20 millones de euros en la célebre cúpula de Barceló en Ginebra es que eres de derechas, o que estás en contra del arte moderno; si te alarman los informes reiterados sobre el fracaso escolar en España es que tiene nostalgia de la educación franquista.

He visto a alcaldes y a autoridades autonómicas españolas de todos los colores tirar cantidades inmensas de dinero público viniendo a Nueva York en presuntos viajes promocionales que solo tienen eco en los informativos de sus comarcas, municipios o comunidades respectivas, ya que en el séquito suelen o solían venir periodistas, jefes de prensa, hasta sindicalistas. Los he visto alquilar uno de los salones más caros del Waldorf Astoria para “presentar” un premio de poesía. Presentar no se sabe a quién, porque entre el público solo estaban ellos, sus familiares más próximos y unos cuantos españoles de los que viven aquí. Cuando era director del Cervantes el jefe de protocolo de un jerarca autonómico me llamó para exigirme que saliera a recibir a su señoría a la puerta del edificio cuando él llegara en el coche oficial. Preferí esperarlo en el patio, que se estaba más fresco. Entró rodeado por un séquito que atascaba los pasillos del centro y cuando yo empezaba a explicarle algo tuvo a bien ponerse a hablar por el móvil y dejarnos a todos, al séquito y a mí, esperando durante varios minutos. “Era Plácido”, dijo, “que viene a sumarse a nuestro proyecto”. El proyecto en cuestión calculo que tardará un siglo en terminar de pagarse.

Lo que yo me preguntaba, y lo que preguntaba cada vez que veía a un economista, era cómo un país de mediana importancia podía permitirse tantos lujos. Y me preguntaba y me pregunto por qué la ciudadanía ha aceptado con tanta indiferencia tantos abusos, durante tanto tiempo. Por eso creo que el despertar forzoso al que parece que al fin estamos llegando ha de tener una parte de rebeldía práctica y otra de autocrítica. Rebeldía práctica para ponernos de acuerdo en hacer juntos un cierto número de cosas y no solo para enfatizar lo que ya somos, o lo que nos han dicho o imaginamos que somos: que haya listas abiertas y limitación de mandatos, que la administración sea austera, profesional y transparente, que se prescinda de lo superfluo para salvar lo imprescindible en los tiempos que vienen, que se debata con claridad el modelo educativo y el modelo productivo que nuestro país necesita para ser viable y para ser justo, que las mejoras graduales y en profundidad surgidas del consenso democrático estén siempre por encima de los gestos enfáticos, de los centenarios y los monumentos firmados por vedettes internacionales de la arquitectura.

Y autocrítica, insisto, para no ceder más al halago, para reflexionar sobre lo que cada uno puede hacer en su propio ámbito y quizás no hace con el empeño con que debiera: el profesor enseñar, el estudiante estudiar haciéndose responsable del privilegio que es la educación pública, el tan solo un poco enfermo no presentarse en urgencias, el periodista comprobando un dato o un nombre por segunda vez antes de escribirlos, el padre o la madre responsabilizándose de los buenos modales de su hijo, cada uno a lo suyo, en lo suyo, por fin ciudadanos y adultos, no adolescentes perpetuos, entre el letargo y la queja, miembros de una comunidad política sólida y abierta y no de una tribu ancestral: ciudadanos justos y benéficos, como decía tan cándidamente, tan conmovedoramente, la Constitución de 1812, trabajadores de todas clases, como decía la de 1931.

Lo más raro es que el espejismo haya durado tanto.

27 de mayo de 2011

PARA TI . . . PRINCESA



No es el típico "Cumpleaños Feliz" porque lo que tu eres, lo que para mí significas sólo puedo decírtelo con esta canción de Carole King.

"Feliz Cumpleaños
celebrémoslo a lo grande,
Feliz Cumpleaños,
esta noche quiero verte sonreir
porque tienes toda la vida por delante, acabas de empezarla,
asi que Feliz Cumpleaños
porque lo mejor está por llegar.

Feliz Cumpleaños,
porque las cosas buenas que de tí puedo decir son infinitas,
pero déjame sólo un minuto
para decirte que el mundo es un lugar mejor contigo,
mejor porque estás tu.

Feliz Cumpleaños,
por ser como eres,
Feliz Cumpleaños
porque soy feliz de estar contigo
y de que conmigo estés,
conocerte es quererte, quererte es maravilloso
asi que Feliz Cumpleaños
porque te mereces lo mejor.

Cada vez que abajo me vine,
nunca caer me dejaste.
Por eso, cada vez que me necesites
siempre a tu lado estaré.

Feliz Cumpleaños
porque todo lo bueno en ti está.
Te daría el mundo si pudiese,
siempre serás una parte de mi.
Asi que Feliz Cumpleaños Preciosa
porque puedes hacer que todos los sueños se cumplan,
Feliz Cumpleaños".

La vida es corta, demasiado corta. El tiempo pasa rápido sin darnos cuenta y cualquier día, el menos esperado, desaparecemos. Y a medida que ese día se acerca, uno se da cuenta de la importancia de las pequeñas cosas; se da uno cuenta de las cosas que quedaron por hacer,de las palabras que de nuestra boca no salieron aunque el corazón las empujaba.
No importan los problemas del trabajo porque en casa estás tú; da igual que los niños dejaran el nido, porque el nido lo mantienes; que más dá si la universidad intenta absorberme cuando mi vida está en tí.

Feliz Cumpleños Preciosa
Te Quiero.